Usos y Modos tradicionales de Vida
en los Montes de Málaga.

Breve introducción de los conceptos
El modo de vida en los Montes de Málaga
El asentamiento humano en los Montes de Málaga. Su relación con la ciudad.
Usos de la tierra, técnicas agrarias y actividades productivas.
Cambios en el modo de vida de los Montes.



Breve introducción de los conceptos.

Cuando nos acercamos a un espacio natural para conocerlo, podemos hacer lecturas de las características de ese ámbito desde la óptica de las diferentes disciplinas científicas que tienen como objeto de su estudio, bién la especificidad de algunos de los elementos configuradores de ese espacio natural concreto, o la globalidad resultante de la interacción de todos los elementos que lo configuran y sus procesos de cambios.

Aunque la opción por uno de estos dos enfoques para acercamos al conocimiento del medio natural, pudiera parecer que excluye al otro, nada más lejos del conocimiento científico. En el conocimiento de la realidad, ambos enfoques se complementan, y la opción por uno de ellos, es más una estrategia de la "escala" con la que queremos conocer, que un problema de elección metodológica.

En el caso que nos ocupa del Parque Natural de los Montes de Málaga, hemos utilizado estos dos enfoques para conocer tanto los elementos configuradores de este espacio, como la dinámica de la interación de estos elementos a través del tiempo y los resultados de la misma. Sabemos que el legado de este espacio natural que nos han dejado las generaciones anteriores de las diferentes especies que interactuaron con él, no responde a lo que debió ser la lógica evolución de su estado inicial sin la intervención puntual de la actividad de la especie humana.

Sin embargo, hay que hacer notar que la forma de relacionarse la especie humana con el medio que la sustenta no es homogénea, ni tan siquiera común dentro de una misma civilización. Este modo de relacionarse con el medio va desde la explotación y agotamiento de los recursos, imaginando que son infinitos e inagotables, hasta la interacción equilibrada con los mismos, pasando por la visión antropocéntrica y poderosa del desarrollo tecnológico, creyendo que la tierra es una bola de plastilina que se puede modelar según antojo y controlar los procesos desencadenantes, por y para la especie humana.

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El modo de vida en los Montes de Málaga.

A veces, los modos que tienen las personas de relacionarse con un ámbito concreto, en los usos que hacen del mismo, le imprimen a ese lugar una especie de personalidad, de la misma manera que la dinámica de los elementos que determinan ese lugar, condiciona y modifica las prácticas culturales del grupo que ha interactuado con él, dotándole de una manera determinada de hacer y de relación común, que se cimenta con el paso del tiempo. Aunque también con el paso del tiempo, elementos ajenos a estas formas de relación consolidadas con el medio, pueden incidir en ellas, desarticulándolas. A este concepto, se le ha denominado " modo de vida ", y ha sido fundamental para el desarrollo del pensamiento geográfico.

En los Montes de Málaga, la dinámica de las características climáticas y geomorfológicas, condicionaron las prácticas culturales en el uso y aprovechamiento de los recursos económicos de este lugar, principalmente el cultivo de a vid . A la vez, este espacio natural concreto, fué modificado por la acción de las personas que se asentaron en él, deforestándolo, construyendo abancalamientos en las pendientes para adaptarlo a nuevos usos, levantando viviendas donde poder habitar. Toda una serie de elementos naturales, materiales y sociales, interactuaron con constancia con el paso del tiempo, manteniéndose, haciendo posible la generación de un modo de vida específico en este lugar, el "modo de vida agrario tradicional" y la duración del mismo a través de las sucesivas generaciones.

Pero al ser el modo de vida, una forma interactiva de adaptación de un grupo de personas al medio natural, se establecen asociaciones con este medio que propician la continuidad del modo de vida. De tal forma, que la especificidad y estabilidad de estas asociaciones definen y garantizan, mientras duran, la funcionalidad, el equilibrio y la conservación del propio género de vida. Este equilibrio asegurador de la perennidad y cohesión, es bastante inestable, ya que al ser la interrelación del grupo humano con el medio físico, tan fuerte, las modificaciones que se produscan en la asociación entre ambos, transformarán el género de vida o lo desarticularán por completo.

Así, en el modo de vida agrario tradicional de los Montes de Málaga, las personas para conseguir su sustento, lograron establecer un equilibrio productivo entre las técnicas empleadas, el esfuerzo invertido y el producto obtenido en relación con el medio físico, a pesar de que las condiciones del medio fueron bastantes hostiles para la producción. La aridez y dureza de los suelos pizarrosos; los cultivos en las laderas de montañas con pendientes pronunciadas que dificultaban las labores agrarias e impedían la mecanización; la extremada parcelación de la propiedad, condicionada por la topografía; y la dependencia de la burguesía comercial de la ciudad de Málaga, que canalizaba los excedentes de sus productos y les dejaba escaso capital.

La ruptura en este equilibrio que se consiguió entre las prácticas tecnológicas adaptadas al medio geográfico y las condiciones sociales del grupo de personas asentadas en este lugar, explica que la crísis desencadenada por el "oidium" primero (1.877) y la "plaga filoxérica" después (1.878), tuviese unos efectos tan devastadores a finales de siglo XIX , tanto por desarticular el modo de vida tradicional de los Montes de Málaga, como por colapsar la economía de la ciudad tan vinculada a los mismos.

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El asentamiento humano en los Montes de Málaga. Su relación con la ciudad.

En realidad, no sabemos a través de la historia local de Málaga, cuales fueron los primeros grupos de personas que se asentaron en este espacio geográfico concreto de los Montes de Málaga, ni en que época remota de su historia ocurrio este hecho. Pero sí sabemos, que la ciudad de Málaga por su emplazamiento y su importancia comercial, siempre estuvo muy ligada a la riqueza natural y cultivada de su entorno geográfico. Y que la importancia comercial que adquirio ésta, tanto en el reino Nazarí, cómo a través de los sucesivos siglos transcurridos que van del XIV y XV hasta bién entrados el siglo XIX, estaba basada en las exportaciones que salían por el puerto, de los productos de su entorno. Principalmente, vinos , aguardientes, pasas, aceite , almendras y otros frutos de la tierra.

Podemos decir que la relación de la población con las condiciones geográficas (clima, orografía, suelo, vegetación) del medio, fueron tan tempranas como los primeros asentamientos de nucleos de población en la ciudad de Málaga, que necesitaron usar y cultivar los productos del entorno inmediato para su sustento. Su presencia en el siglo XV, como población asentada y diseminada en este sustrato físico que bordea a Málaga, está constatada (BEJARANO, F. 1.985), ya que después de la conquista de la ciudad de Málaga, en 1.487 por las tropas castellanas, los Reyes Católicos ordenaron los repartimientos de las casas, lotes de terreno de viñas y frutales para los repobladores cristianos, como pago demostrativo de los servicios y fidelidades prestadas. Es decir, que repartieron tanto viviendas de la ciudad, como las casas de labor y lotes de huertas de su entorno (donde se construirían viviendas), a estas personas que traían con ellos y que constituirían los nuevos vecinos de la ciudad.

Esto coincide en el tiempo, con el inicio de la tala paulatina de pequeñas superficies del bosque Mediterráneo de encinas y alcornoques , que poblaban las laderas de la cuenca de recepción del Río Guadalmedina. Esta madera se aprovechó, para las necesidades cotidianas caloríficas o tecnológicas, como leña para cocinar y calentarse, construir viviendas, enseres u otros elementos; también como carbón vegetal para atender las necesidades energéticas de los talleres artesanales; o simplemente para dejar un espacio abierto e introducir en él determinados tipos de cultivos. La repercusión que tuvo esta paulatina deforestación fué que entre los años 1.435 y 1.487, el cauce del río se fué aterrando por los aportes de materiales arrastrados por las aguas de su cuenca, de tal manera que en 1.544 se tiene noticia del primer desbordamiento que tuvo el río sobre la ciudad, y que desde entonces se seguiría repitiendo, como vimos anteriormente al describir los antecedentes históricos del Parque Natural.

Es a mediados del siglo XVIII, cuando empezamos a tener datos más concretos de la población rural de los Montes de Málaga. Durante el reinado de Fernando VI, en una coyuntura económica muy favorable, mandó evaluar la riqueza de toda la corona, con el propósito de sentar las bases de un sistema impositivo uniforme, de cara a la Unica Contribución. Por lo que, el ministro Marqués de la Ensenada dio las ordenes pertinentes para que se elaborara un catastro donde figuranse las rentas, riquezas y productos de los súbditos e instituciones de la Corona de Castilla. A tal fin, se dividió la ciudad de Málaga en cuatro Juzgados, que coincidían en sus demarcaciones territoriales con las divisiones administrativas de las parroquias existentes en la ciudad y los partidos rurales pertenecientes a las mismas.

Motivo por el cual, al usar esta fuente documental para describir características de la población y usos de los Montes de Málaga, hay que hacer notar, que la población a que nos referimos, no es exactamente la que se asentó dentro de lo que hoy es el límite geográfico del Parque Natural de los Montes de Málaga, sino la que estaba ubicada en un espacio de terreno de unas 8.101 hectáreas de superficie, donde se encuentra incluida la zona del actual Parque y un diseminado rural, que hoy en día forma ya parte del casco urbano periférico de la ciudad. Esta zona, que abarcaba uno de los cuatros juzgados en que fué dividida la ciudad de Málaga, y cuya jurisdicción era la parte nororiental de la ciudad, de sus partidos y pagos, tenía los límites siguientes: "Desde el casco de Málaga por el camino de la Fuente de la Reina hasta la villa del Colmenar y por el Poniente buscando el arroyo de Ballesteros pasa a las Lomas del Aguila, Almácigas y Cerro del Aguililla, cordillera abajo hasta Chapera y aguas vertientes, y buscando el término de Casabermeja y por el Guadalmedina a Málaga".

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, los datos que tenemos de la población para este entorno, nos confirman su crecimiento progresivo. De 6.358 habitantes en el año 1.747, se pasó, aproximadamente en dos décadas, a 9.256 habitantes, continuando el crecimiento al compás de la coyuntura próspera y favorable de la agricultura en los Montes hasta los últimos años de final de siglo, alcanzando una población de 12.185 habitantes en el año 1.787, que creemos fué la máxima que albergó este territorio.

La base estructural donde se asienta este crecimiento demográfico, es también común para la ciudad de Málaga. Según piensa LOPEZ CANO, D., en el estudio de la población málagueña en el siglo actual, que si bién en el siglo XVII, la ciudad había tenido una serie de condicionamientos negativos, que estacionaron el crecimiento demográfico, en el siglo XVIII, se da una regeneración demográfica al coincidir una serie de factores que reflejan un cambio en las relaciones de producción, propiciando una redistribución de la riqueza. Estas transformaciones en el modo de producción agrícola, corren paralelas al desarrollo del comercio y de los transportes, que liberarán cada vez más, a la población de las arbitrariedades catrastófricas del antiguo régimen socioeconómico, encauzándola hacia el ciclo demográfico moderno.

Se termina el siglo XVIII y se comienza el siguiente con una serie de hechos que disminuyen la población. La crísis de subsistencia ocasionadas por las malas cosechas, provoca que las personas se mueran de hambre y una serie de epidemias, que se dan entre 1.800 y 1.833, fiebre amarilla, viruela, cólera morbo asiático, diezman a la población. Además, se detiene el comercio con América a consecuencia de la Guerra de la Independencia, quedando limitada la zona en lo económico, a sus recursos agrícolas, que se venían especializando en el monocultivo de la vid y que estaban dejando de ser un modo de vida tradicional de explotación agrícola, al transformarse las explotaciones, en formas capitalistas de acumulación. Estos excedentes de capital que provenían de la agricultura, sentarán las bases del auge del comercio y de la precoz industrialización en la ciudad (MONTORO, C. 1.978) que alcanzará su máximo esplendor en la década de 1.850-60.

Aunque ya hemos visto que el primer tercio de siglo XIX, se inicia con unos condicionantes que rompen el ritmo de desarrollo demográfico de la anterior centuria, a partir de este primer tercio del siglo, y hasta el año 1.877, la población vuelve a crecer a un buen ritmo, debido al desarrollo industrial y la plenitud económica de la zona. A partir de este año, debido a la invasión fatídica de la filoxera, se colapsarán los productos de la zona, disminuirán las exportaciones de pasa y vinos, perdiéndose los mercados internacionales, caerá el comercio repercutiendo negativamente en la crisis de la industria, y el ritmo en el crecimiento de la población se frenará tornándose negativo en los años siguientes y a lo largo del siglo XX.

Como consecuencia de todo esto, en los Montes de Málaga la mayoría de la población tuvo que abandonar en los años venideros, masivamente los lagares , malvendiéndose algunos de ellos a sucesivos propietarios al no poderse soportar las cargas económicas y dado que no se ejercía ninguna acción oficial ante esta catástrofe. Se produce un verdadero éxodo rural, al perderse los elementos materiales y culturales que le daban consistencia a este grupo de personas como colectividad. Algunas familias trataron de sustituir en sus fincas, las viñas por otros cultivos diversos. Pero la realidad es, que el modo de vida tradicional agrario de los Montes de Málaga se había desarticulado por completo.

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Usos de la tierra, técnicas agrarias y actividades productivas. Cambios en el modo de vida de los Montes.

Mediante el sistema ensayo-error, y a través de diferentes culturas, las personas por medio de la tradición, aprendieron las técnicas agrarias que les aseguraban la máxima eficacia al interrelacionarse con este medio. Según las características y cualidades del suelo, seleccionaron semillas y plantas, introdujeron otras nuevas, relacionaron los procedimientos y labores agrícolas idóneas para cada tipo de cultivo en relación al medio geográfico. No es lo mismo hacer la poda, cavar, sembrar, o estercolar, de una manera o de otra, para un tipo de cultivo propio de un clima Mediterráneo que para otro de clima frío. En terrenos de mucha pendiente y de secano donde hay que aterrazar o construir muretes de retención del suelo y agua, que en una llanura húmeda. En unas estaciones determinadas del año que garantice la máxima eficiencia entre todas las labores realizadas y el resultado obtenido.

Una vez sustituidas las plantas tradicionales por otras nuevas y conseguida la adaptación de las mismas al suelo, se estaba posibilitando el camino para la producción agraria y para que se fijara la población en este territorio. Ya que al poner en valor las tierras, a través de la combinación de una serie de cultivos ( vid , olivo , cereal, almendro , higuera) y las prácticas culturales y técnicas asociadas a los mismos, se establecían las bases necesarias para el sustento estable de las necesidades humanas, y la pervivencia del género de vida tradicional agrario de la zona. Por lo que los usos que se hacen del territorio, las técnicas agrarias y ganaderas, la acumulación y circulación de los productos agrícolas, la formas del hábitat, la movilidad de la población, son indicadores que nos definen la evolución del género de vida propio de los Montes de Málaga.

La ciudad de Málaga destaca ya en épocas muy tempranas en las actividades productivas basadas en la explotación de la vid. En el siglo XV, el comercio y exportación del vino a través del puerto hacia otros paises de la Europa nórdica, evidenciaba, no solo la existencia de una especialización en el cultivo de la vid y derivados de la misma en el medio rural, sino también, una antigüedad en la dedicación de este cultivo. Ya que para desarrollar y mantener un comercio de envergadura a nivel nacional e internacional, se necesitaba de mecanismos basados en el tiempo, tradición y difusión. Por lo que suponemos, que los inicios en la práctica de este cultivo estuvo ligada a las primeras culturas que se asentaron en este territorio.

Como referencia, en Málaga de "sus viñas y pasas sin igual" (BURGOS, M. 1.976), la tenemos a través del Moro Rasis, en la primera mitad del siglo X. Algunos testimonios de éstas actividades productivas los conocemos en el siglo XV. En los años que siguieron a la reconquista por los Reyes Católicos, y al no existir las ordenanzas para el desenvolvimiento y gobierno de la ciudad, se tuvieron que perfilar una serie de disposiciones en materia proteccionista hacia el vino, al desarrollarse el comercio y extenderse las viñas por todo el término rural y villas de Málaga. Estas disposiciones sobre la venta del vino fueron necesarias porque, aún siguiendo los labradores cultivando sus viñedos y criando sus mostos " ..al venir todos estos vinos a la ciudad y repartirse entre los particulares y las tabernas, hospederías y mesones, se planteaba el problema de su ordenada distribución y de su venta equitativa, amen de la cobranza de los derechos que pagaba, cosas todas que no podían quedar fuera de la acción y celo administrativo del flamante Concejo malagueño " , (BEJARANO, F. 1.976).

Una de las primeras disposiciones fué la del año 1.490 en la que se ordenaba que se vendiesen los vinos en los mismos cueros donde se traían y no en otros recicipientes, y que tampoco se le cambiara el nombre de su procedencia " Pues tales enjuagues y mudanzas no tenían otra finalidad que la de aguarlo o mezclarlo con cosas nocivas. Dispúsose también que los taberneros y demás vendedores al por menor vendiesen el vino a un precio justo, no debiendo ganar más de la cuarta parte del valor del mismo, pues ya había por aquellos tiempos, desaprensivos que ganaban cien maravedíes en la arroba, cosa exorbitante, según parece, para la modestia y honradez de la época " .

El aumento en la producción y comercio del vino, propició una corriente exportadora de este producto y de frutos secos hacia otros paises. El volumen de exportación que alcanzaron, determinó la figura del intermedia-rio y el abuso del mismo. De esto nos queda constancia por el documento histórico, donde el regidor de la ciudad de Málaga, Luis de Navarra, exponía una serie de hechos al Cabildo malagueño, sobre el control y calidad de los vinos de la comarca para no perjudicar la demanda de los mercados en otras naciones, el 30 de Julio de 1.599, (BEJARANO, F. 1.976): " ..que la saca de vino por mar para Francia, Flandes y otras naciones, a un buen y razonable precio, beneficia mucho a Málaga, cuya principal fuente de riqueza la constituían sus viñas; y que se atentaba gravemente contra este saneado comercio por algunos corredores desaprensivos que, atentos solamente al lucro momentáneo e inmediato, cometían fraudes y engaños con los extranjeros haciendoles comprar vinos que no eran de los que se criaban en la ciudad, su término y villas.Cuando tales vinos llegaban a los puertos de destino no gustaban e incluso se dañaban y torcían por no tener las condiciones del vino de Málaga aunque sí su nombre, todo lo cual venía en descrédito de la fama del producto y de la economía. "

Como remedio, el regidor proponía al Cabildo que se tomaran las siguientes medidas: " ..que en el mes de agosto de cada año el Cabildo nombrase dos hombres y entendidos los cuales, en unión de dos regidores designados por los mismos vecinos, fuesen los que, con exclusión de todo otro corredor, llevasen a los mercaderes extranjeros a las bodegas, examinando los vinos y no dejando que adquiriesen más que los vinos que verdaderamente fueran de Málaga y estuvieren en condiciones de ser exportados. Insistía también en que se llevase con todo rigor el aforo y registro de bodegas y lagares de la ciudad y su término y que no entrasen las cargas de vino más que por Puerta Nueva, donde se llevaría cuenta de las entradas con los registros y aforos practicados " .

Estas actividades productivas, que fueron en aumento, propiciaron la expansión de la superficie de viñedo en uso y la demanda de mayor cantidad de personas para su cultivo, lo que provocó un incremento demográfico en los Montes. La explotación de las vides, por sus condicionantes naturales y sus ciclos estacionales, por la multiplicidad de labores y binas que necesitaban y al recaer la mayoría sobre las personas, pués el animal de tiro tenía difícil su acceso por las fuertes pendientes, ejercieron un papel fijador de la población en el entorno rural de la ciudad. Por otro lado, el carácter duradero en el uso de ese cultivo en la misma zona, a través de los siglos, le imprimió un poder estabilizador al género de vida y al grupo humano que lo detentaba.

Todos estos factores se conjugaron de tal forma, que el modo de vida tradicional agrario de esta zona fué evolucionando. Basado fundamentalmente en la agricultura del viñedo, al tener el medio rural una vinculación fuerte con las actividades productivas de la ciudad, tuvo que adaptarse a las demandas comerciales de la ampliación de mercados y a las alimenticias del aumento de la población malagueña. Con lo cual, se estaba incitando al campesinado a una mayor producción de excedentes, con la capitalización de los mismos (LACOMBA, J.A., 1973), lo que implicaba la introducción de técnicas nuevas, para abocar finalmente a la especialización del monocultivo de la vid. Generándose unas formas progresiva de dependencia cada vez mayores, respecto a las economías externas.

En el estudio de la evolución de los modos de vida, cuando éstos están asociados a las prácticas económicas de un lugar, es necesario situar las modificaciones en los usos de la tierra y las técnicas agrarias en el momento histórico que le corresponde. En el caso de los Montes de Málaga, será en el tránsito del siglo XVIII al XIX, que es cuando se están conjugando los factores, no solo para que este modo de vida se termine de modificar, si no también para que desaparezca por completo en el siglo XX. Seguidamente veremos cuales fueron estos cambios.

A mediados de siglo XVIII, el uso de la tierra más característico fue el cultivo de la vid . Que ocupaba en el año 1.752, el 42,4% de la totalidad del término municipal de Málaga, representando en la zona de los Montes el 60,2%, del total de su superficie, debido a la etapa expansiva y próspera de este producto. Le sigue en importancia la sembradura de secano, ocupando el 40,5% de la superficie en Málaga y teniendo escasa importancia en los Montes, sólo el 23,2%. En las tierras de sembradura de cereal, mientras que en Málaga se plantaba trigo, en la zona de los Montes predominaba el cultivo de cebada (76% del total de sembradura de secano en 1.752) utilizada para alimentar al ganado, por lo cual la población necesitaba el trigo de la ciudad para abastecerse, y a la vez, la ciudad por carecer de éste para la totalidad de sus necesidades, tenía que importarlo, viéndose sometida ella y la población a las numerosas crísis de subsistencia (MORILLA, J. 1.972) por las fluctuaciones en los precios de este producto.

En los Montes de Málaga, asociado al cultivo de la vid y cereal, existió arbolado de higueras, almendros y olivar, pero de forma dispersa. El cultivo del olivar fué importante para la dieta alimenticia de tipo mediterraneo de la población campesina, porque de la elaboración de su fruto, la aceituna, se extraía el aceite , que sustituía a la grasa de animales, difícil de obtener en esta zona. No por ello dejó de ser un cultivo secundario en los Montes cuya especialización de siglos había sido el cultivo de la vid. A finales del siglo XIX se produce una modificación en el sistema de cultivo del olivar, pasando a ocupar tierras de segunda y tercera calidad, pero ya de una manera diferenciada. Produciéndose un aumento en el número de pies por unidad de superficie, siendo la variedad de olivo dominante el "Verdial" ( Olea europaea, var. virídula clemente ).

Pero para que se diera la expansión agrícola de estos cultivos, que tenían el protagonismo en el uso de sus tierras, la población agraria tuvo que intervenir en sus explotaciones y conseguir que fueran más productivas a través de una serie de cambios técnicos para adaptarse a la demanda de sus productos y derivados, en los mercados extranjeros. Estos cambios se concretaron, en el caso de la población viticultora, en modificar la forma de distribución de las cepas, con la finalidad de aumentar la densidad de la plantación y conseguir una mayor producción por hectárea (SIVERA, M.A. 1.978). A tal fin, se sustituyó el sistema de "A marco real" por el de "Tresbolillo". Se introdujeron mejoras en las labores claves del cultivo: la "cava" alrededor de la planta, de unos 20 cm de profundidad, para que penetre y conserve el agua. La "bina de primavera", que destruía las hierbas salidas en el invierno; la "bina de verano ó rebina" y la "poda corta" fundamental para la obtención de la cosecha. Aumentando también con todo esto, el número de peonadas por hectárea.

La modificación más fuerte que se hizo fué la especialización y selección de las variedades de vid para que fueran más productivas y de mayor calidad. Con lo cual, se obtenía un producto homogéneo y la población agricultora podía organizar con más efectividad las labores agrícolas, al no existir la diversidad de labores consustancial a la variedad de viñas. Si para Andalucía, algunos autores citan un total de 224 variedades conocidas, tan solo en la zona de los Montes, en 1.752, García Leña llega a citar 34 variedades que se utilizaban tanto para obtener distintos tipos de vino como de pasas, y también para la alimentación. La diversidad de todas ellas queda reducidas a tres variedades: la "Pero Ximen", empleada para obtener el vino seco y dulce; la "Moscatel", para el vino de su nombre y pasas, y la "Rome", utilizada también para vino.

Hemos visto cómo en 1.752, la mayor proporción de tierras de los Montes eran tierras cultivadas, ya que la superficies incultas tan sólo suponían el 9,4%, y las tierras baldias, las que su propia naturaleza no las hacía aprovechables para el cultivo, representaban el 7,1%. Esta situación que podemos considerarla cómo de óptima consolidación del modo de vida tradicional de los Montes, variará significativamente a partir de 1.875. Ya que, al coincidir la plaga del oidium con los precios más bajos del vino en los mercados internacionales, por los fraudes repetidos que afectaban a la calidad y competencia con los vinos de fuera, cuando llegó la filoxera en 1.878 ya existía un estancamiento productivo. Esta descapitalización, unida a la desidia de la administración, propició que la depresión fuera generalizada a finales de siglo, ya que no sólo afectó a la vid, sino también al resto de los cultivos en la zona.

Ya en el año 1.898 las tierras sin cultivar pasaron a representar el 75,1% de la zona de los Montes, mientras que las cultivadas disminuyen notablemente, sobre todo el cultivo de las viñas que desciende al 6,2%, y la superficie cerealística al 8,5%, ya que la cebada se utilizaba para alimentar el ganado que transportaba los productos de las viñas a la ciudad. Al verse afectadas las viñas, también lo harán todas las cadenas asociativas que dependen de ellas: alimenticias, económicas, culturales, humanas y residenciales.

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El hábitat como elemento configurador del modo de vida en los Montes de Málaga.

Las personas se asientan en un espacio de la naturaleza a través del hábitat, siendo éste, junto con los elementos que lo determinan, una expresión material del género de vida. En la elección del lugar, entran en juego una serie de factores determinantes, pero siempre vinculados a las necesidades de sus futuros moradores, a las funciones que se vayan a ejercer en esos lugares y la posibilidad de adaptación en los mismos. Un buen lugar en la elección, asegura la pervivencia del mismo y de los que se asientan en él. Motivo por el cual, las estrategias en la elección, pueden ser diversas, predominando en nuestra zona de estudio las que responden, en su elección de emplazamiento, a escoger los lugares con mayores recursos naturales disponibles frente a otras opciones como vías de comunicación o puntos defensivos estratégicos.

Por lo que en un medio físico tan hostil como el existente en los Montes de Málaga y relativamente alejado de la ciudad, las dificultades de accesibilidad y escasez de medios de transportes, provocaba que las personas que vivían en este lugar, no tuvieran otro medio de sustento que lo que generaban en el sitio. Produciendo este semi aislamiento una conciencia de grupo entre sus pobladores, basada en lazos de cooperación, cimentandose las relaciones personales y haciendo pervivir las tradiciones asociadas a los ciclos de laboreo del campo, de las que aún hoy quedan vestigios que se manifiestan en el folclore de los "Vérdiales".

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