La historia de Málaga aparece tan íntimamente ligada a
la del río Guadalmedina que antiguamente tenían el mismo nombre.
Así nos lo atestiguan, por ejemplo, Rufo Festo Avieno que escribía:
"Malaca que flumen, urbe cum cognomine", es decir, "Málaga
río, con la ciudad de su mismo nombre", o los árabes
al llamar al río Uad-el-Medina ó río de la ciudad.
A partir del siglo XV es cuando se empieza a tener datos fiables del estado
del río. Asi, el historiador Milla en relación con unas fuertes
lluvias acaecidas entre los años 1.434 y 1.435, que ocasionaron inundaciones
en gran número de ciudades, comenta que Málaga no se inundó
gracias a "la mucha madre y hondo que tenía el río y
la caja que lo guardaba". Por estas fechas los Montes de Málaga
estaban poblados por las especies características del monte mediterráneo,
no existiendo problemas erosivos y en consecuencias no había ningún
tipo de arrastre que pudiera aterrar el lecho del río. Otro dato
que nos indica la situación del cauce es que en el año 1.490,
tres años después de conquistada la ciudad por los Reyes Católicos,
existe un acuerdo del Ayuntamiento por el cual "Ningún ganado
turbase las aguas del río porque usando de ellas los vecinos era
justo que estuviesen puras".
Sin embargo y muy relacionado con la toma de la ciudad por los Reyes Católicos,
se empieza en esas fechas a producir una modificación sustancial
en la cubierta vegetal que cubría la cuenca vertiente del río.
Esta alteración vegetativa es consecuencia de la desforestación
que se realizó, bien procedente de la tala y quema de árboles,
armas comúnmente usadas en las batallas de entonces, como del reparto
de tierras y posterior cambio de usos y cultivo, que se realizó entre
todas las personas que acompañaban en la toma a los Reyes, desde
hidalgos a vasallos. En consecuencia en esta época se pasó
de un monte mediterráneo a una zona despoblada y destinada a cultivos,
básicamente de la vid y del olivo.
Se va produciendo entonces un fenómeno paulatino de aterramiento
del lecho del río. Lo recoge el historiador Fray Antonio Milla que
narra que las aguas del Guadalmedina eran limpias y permanentes en invierno
y en verano, y que el río tenía un cauce limpio y profundo,
unas cuatro varas bajo el nivel de las calles, profundidad que perdió
en el transcurso de cincuenta y dos años.
Una vez que se ha perdido la capacidad de transporte de los elemen-tos en
suspensión procedentes de la cuenca, empieza a aumentar la sedimentación
de los mismos y esto conduce a que en el año 1.544 se produzca la
primera inundación de que se tiene noticias. El entonces gobernador
de la ciudad, Don Antonio del Aguila mandó posteriormente "cuidar
que el río Guadalmedina corriese sin daño por la ciudad, haciendo
que su canal estuviese siempre limpio y abierto para que sus aguas corriesen
fácilmente".
En consecuencia ya empieza a crearse conciencia de que existe el problema
y que hay que poner los medios para solucionarlo.
Además de las de este año se producen inundaciones los años
1.561, 1.580, 1.597, y 1.608. En este último año ocurrió
el día 2 de Febrero, día de la Candelaria. Martínez
Aguilar en "Breve descripción de Málaga" comenta:
"El Guadalmedina penetró en los barrios con tal fuerza que arrancó
y deshizo toda la ribera de los curtidores que estaban en el Perchel. Hubo
no pocas víctimas". A las cuales le sucedieron las de 1.611
y 1.614, arrastrando esta última el puente de cantería construido
delante de la antigua Puerta de Antequera (hoy Puerta Nueva).
Desde 1.616 hasta 1.661 se producen nueve inundaciones más. A pesar
de que el Ayuntamiento mandó arar y desarenar el cauce del río,
cuyas obras empezaron el 15 de Septiembre de 1.634, pocos meses después
de la visita que hizo a Málaga el Rey Felipe IV. A causa de la grave
inundación de 1.661, se decidió dejar al río discurrir
por su antiguo cauce, pero abriéndole todos los años la madre
del río y levantar unos muros fuertes a ambos lados del Guadalmedina.
A pesar de este acuerdo, al final no se construyeron los muros indicados,
y el río al crecer siguió divagando sobre su cono de deyección.
Posteriormente a esta inundación del 1.661 hay otra más en
el 1.685 y ya durante el siglo XVIII son cuatro las que se contabilizan,
la última en 1.764. Durante este siglo se encargan a diversos ingenieros,
proyectos que intenten solucionar el problema. Los remedios aportados pasaban
por las canalizaciones o por el corte o desviación del lecho del
río.
Son diecisiete las inundaciones de que se tienen constancia en el siglo
XIX. Transcurre todo este siglo con un ir y venir de proyectos, soluciones
varias, etc., pero que en la práctica no se materializan en una
actuación seria y concreta. En consecuencia llegamos al siglo XX
con un estado de la cuenca y del río relativamente similar al que
presentaba siglos atrás. Decimos relativamente, ya que en el siglo
XIX se produjo un fenómeno que alteró, no sustancialmente
pero si en cierta medida, la cubierta vegetativa de la cuenca vertiente.
Este hecho fue la aparición en el último cuarto de siglo de
la enfermedad de la vid, la filoxera, Esta poco a poco eliminó la
mayoría de los viñedos que existían en los Montes de
Málaga. Este hecho, aunque no tuvo una gran importancia desde el
punto de vista erosivo, si la tuvo en el orden económico-social de
la ciudad y alrededores de Málaga. Empieza a marcar el inicio de
un progresivo empobrecimiento de los "Montes" y lógicamente
un despoblamiento de los mismos.
Entramos así en el siglo XX, siendo la primera inundación
el 30 de marzo de 1.901 y posteriormente hay otras dos en los años
1.902 y 1.903. Pero es en el año 1.907 cuando tiene lugar la inundación
que sirvió, por su importancia, para que de una vez por todas se
acometieran soluciones al grave problema de las inundaciones. Como hemos
visto, la desaparición de los montes arbolados, que cubrían
la cuenca del río, para dedicarlos al cultivo; las fuertes pendientes;
así como la naturaleza del terreno que facilita su disgregación,
son factores que han ido favoreciendo las sucesivas inundaciones. Para paliar
estos efectos se acometen dos soluciones complementarias entre sí.
Una de ellas es la construcción de un embalse regulador, el del Agujero
y otra la repoblación forestal de la cuenca, así como la construcción
paralela de una serie de obras transversales de corrección hidrológica
en los diversos cauces que van a desembocar en el Guadalmedina.
Esta segunda medida es la que en su puesta en práctica ha dado lugar
al actual Parque Natural de los Montes de Málaga formado por el monte
nº 71 de Utilidad Pública de la provincia.
En el año 1919 se redacta un proyecto de corrección hidrológico-forestal
por parte del Ingeniero de Montes D. Miguel Bermejo en el que se recogen
los siguientes apartados: Adquisición de fincas, construcción
de obras de corrección, repoblaciones y diversos trabajos auxiliares.
Este proyecto fue aprobado en 1.927 por el entonces Ministro de Fomento,
Sr. Conde de Guadalhorce, declarandos los trabajos de Utilidad Pública
a los efectos de la Expropiación Forzosa. Los trabajos empezaron
el 13 de Septiembre de 1930, siendo dirigidos por el Ingeniero de Montes
D. José Martínez Falero y continuaron hasta los años
cincuenta.
En el proyecto se pensaba actuar sobre 12.835 Has. de las 18.123 has. que
componen la cuenca del río, aunque al final por cuestiones presupuestarias
tan sólo se repoblaron 4.762. Has. con Pinus halepensis (Pino carrasco).
Para las repoblaciones, se construyeron seis viveros con riego a presión
y una superficie de 123 áreas útiles. En las 4.000 primeras
hectáreas se plantaron diez millones de hoyos con un total de 26
millones de plantitas de Pino carrasco, lo que nos da una media de 6.500
plantas por hectárea. Además se plantaron en los aterramientos
de los diques y en algunos cauces 300.000 plantas de chopos, álamos,
eucaliptos, castaños etc.
Los trabajos de corrección consistieron en la construcción
de diques de planta recta y perfil de gravedad de mampostería hidráulica.
El número total de diques construidos fue de 30, con un volumen de
obra de 2.589 metros cúbicos. También se construyeron albarradas
de piedra en seco en los barrancos para impedir la socavación longitudinal
de los cauces y estabilizar las laderas, así como poder introducir
en ambas la vegetación arbórea. El número total de
albarradas ascendió a 417 con un volumen de 10.000 metros cúbicos.
Como trabajos auxiliares, se construyeron 52 Kilómetros de caminos,
así como 10 de sendas y veredas. Además se construyeron obras
en pasos de barrancos diques de sostenimiento, alcantarillas, una red de
calles cortafuegos, garitas de vigilancia, puentes etc.
Como resultado de la puesta en marcha de este proyecto, y a pesar de haberse
realizado parcialmente, su eficacia fue total, pues desde el año
1931 hasta la fecha no se han producido ninguna inundación grave
debida al río Guadalmedina.
Posteriormente en el año 1978 se aprueba por el ICONA el proyecto
que completaría la restauración de la cuenca. En el se contemplaba
la repoblación de 6.500 has. la construcción de 18 diques
con 6.250 m3 de mampostería hidráulica, 6.025 m3 de mampostería
gavionada y albarradas con unos 30.500 m3 de piedra en seco. De este proyecto
se realizaron gran parte de las obras, y actualmente se están empezando
a realizar las repoblaciones una vez adquiridas algunas fincas.
De esta forma llegamos a la situación actual del Parque Natural,
en el que ya se ha conformado una masa arbolada de Pino carrasco, mayoritariamente,
y que cumple una serie de funciones:
1) Protectora:
La existencia de la masa sirve para garantizar la protección contra
la erosión de la parte de cuenca más conflictiva del río
Guadalmedina y en última instancia de la ciudad de Málaga.
2) Inversora de la regresión climática:
Hemos pasado de una situación de cultivos abandonados y eriales en
una línea claramente regresiva, a otra de instauración del
pinar y posteriormente a la actual, en la que al amparo de esta cubierta
vegetal de repoblación y al suelo que se ha ido formando, la vegetación
natural mediterránea, encinas; alcornoques; quejigos; ma-droños;
algarrobos (estos introducidos), etc. ha empezado a volver a ocupar su nicho.
Creando, ya en muchas zonas, un bosque mixto de frondosas y coníferas,
y en otras, manchas puras de encinas y alcornoques.
3) Productora:
De la masa actualmente se obtienen aprovechamientos de ma-dera, como consecuencia
de las entresacas; de corcho; pastos; cinegéticos y de productos
varios como madroños; algarrobas; aceitunas; setas; espárragos;
plantas aromáticas, etc. Por otro lado desde un punto de vista social,
el monte es generador de gran número de jornales, que en parte vienen
a paliar el desempleo de la zona.
4) Socio-recreativo:
El hecho de que el monte se encuentre a 5 Km de la ciudad, y que en el mismo
haya zonas recreativas, áreas de acampadas, ventas, itinerarios,
miradores, sitios pintorescos, etc, hace que en fines de semana y vacaciones
se convierta en punto de encuentro de miles de personas que acuden en busca
de esparcimiento y diversión.
5) Aprendizaje y conocimiento de la Naturaleza:
En el se desarrollan actividades de investigación, y de educación
ambiental, preferentemente canalizadas por un Aula de la Naturaleza.
6) Ambiental:
Es una depuradora natural, actuando de auténtico pulmón verde
de la ciudad de Málaga.
Como consecuencia de todos estos valores reseñados, el Parlamento
Andaluz por Ley del año 1.989, declara el monte Cuenca del Guadalmedina,
de una extensión de 4.900 hectáreas, como Espacio Natural
Protegido con la figura de
Parque Natural de los
Montes de Málaga
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